miércoles, 17 de junio de 2009

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rosas rojas :] traier

hola a tod@s :]


hola a todos nosotras somos unas chikas les y bis \ k pues kreamos esta pag para todas nosotras k keramos konoser gente komo tu y yo y asi verdad :]


bueno pues no c la verdad k decir pero pues las k kieran konoser gente osea chikas + chikas y asi pues
dejennos sus korreos aka o en el msn d nosotras k es

luz_rock88@hotmail.com

besos atte todas nosotras :]

relatos lesbicos

kiero imformar k ehhh recivido ayidas d mis amigas sales :]

Ante todas las adversidades

El amanecer la sorprendió dolorida y apaciguada después de una noche agitada que la tuvo como protagonista y que, ante el flagelo del tiempo, pensó que tenía muchas chances de convertirse en inolvidable.
Miró alrededor y las luces tenues de un cuarto de hotel le recordaron que seguía caminando por las profundidades de lo prohibido, de lo no perdonado... giró su cabeza y pudo contemplar la tierna figura de su amor que dormía descansando de los instantes en que la pasión les robó el aliento. Su rostro angelical y dulce le hizo estremecer el alma, le recordó lo mucho que amaba lo que ese cuerpo desnudo desmayado a su lado tenía en su interior.
Todo fue tan rápido que aún no podía salir de su asombro... una noche, dos almas lastimadas, dos círculos que se cierran, dos vidas que se unen en un instante, dos cuerpos que encuentran la dicha en un roce, dos corazones que por fin se animan a romper las cadenas, a escapar de lo convencional... a perderse en lo no permitido.
Sentir su aliento, tocar su piel, hablar con su alma... se había convertido en un momento en algo esencial para su vida... era como el sol, como la lluvia en una tarde que arde, como la vida misma, como el aire pleno de la primavera... Era mirar sus ojos y morir de amor; era pensar en sus secretos y entrecortar los sueños, era rozar su cuerpo y desarmarse por dentro; era encontrar su boca y amar en silencio... siempre con miedo, siempre en secreto.
Estar a su lado ya era una obsesión, mirar con sus sentimientos, adueñarse de su vida, encontrar la paz con un segundo de su compañía... Y no se atrevía, no se permitía que dos mitades tan iguales, tan prefectas... se amaran algún día... No era el tiempo, no eran las ganas; eran las miradas, eran las palabras, eran los desprecios lo que impedían que sus almas fueran una.
Y sufría...
Sufría los desplantes, los deseos de aprisionar su alma y no dejarla escapar, las ganas de guardar sus sueños y sin límites hacerlos realidad, las ansias de ver la felicidad en su rostro, de que sus actos hicieran su vida radiante, de que nunca más una pena atravesara su camino ni siquiera para espiar...
Y sufría...
Sufría las burlas del destino; las llegadas tarde, los rumores de un amor clandestino, la alegría fingida que le hacían pensar que alguien más podía acceder a sus besos, a su corazón...
Y sufría...
Sufría los celos que le taladraban el alma, que le herían la calma; celaba sus noches en vela, sus salidas sin destino fijo, sus sonrisas cómplices, sus comentarios divertidos, sus palabras llenas de intención: llegaba a la locura con sólo imaginar su cuerpo con otro que no fuese el suyo...
Y sufría...
Cuando iba, cuando venía; cuando se despedían y su sonrisa le recordaba que era algo inalcanzable, que la idea de unirse estaba más lejana que Júpiter o Marte...  cuando no se veían y  la sangre le temblaba por el temor de que le hubiese ocurrido algo malo, cuando escuchaba su voz y no podía imaginarse otra cosa que sus susurros en la oscuridad jurando amor eterno.
Todo fue tan rápido... una noche de verano, sus pieles fantásticas unidas en una melodía de amor que ya no se podía ocultar, que ya no se podía callar... Un sinfín de miradas seductoras que fueron cayendo como lluvia de estrellas, que ya no permitieron que se mintieran más... Una noche y el cielo por fin escuchó sus plegarias regándoles la dicha de un amor original que nada pedía ni nada ocultaba ya...
Y de repente todo fue una fiesta: alegría, placer, felicidad, ternura... todo mezclado en noches donde no podían dejar de hacer el amor ni un segundo... Todo era excepcional, todo era emoción, excitación... una mirada y sentir que el cuerpo explotaba de amor; sólo un beso y darse cuenta de que nada separaría sus vidas; sólo un gesto para encontrar el cariño en unos ojos empañados de satisfacción.
Pero todo seguía siendo prohibido... El amor estaba dispuesto en todo momento, pero era inaceptable... Y allí comenzaron los juegos, las doble vidas, las apariencias de la gran amistad para amarse en secreto; las mentiras para poder verse; los engaños para poder sentir aunque fuera un segundo su voz por teléfono... El vivir sólo de noche cuando todo estaba oculto y morir por la mañana cuando la claridad vislumbra todo; hasta los grandes amores... Los sufrimientos por no estarse permitido una demostración de afecto, una mirada indiscreta sin que los rechazos fuesen inminentes... y los problemas con la gente querida, las incomprensiones que sin necesidad llegaban a puntos iretornables en que ya era imposible razonar, cuestiones del corazón que ya casi no les permitían respirar, que ya no podían destrozar más sus ilusiones... Los rechazos absolutos, los comentarios maliciosos que sólo dejaban a su paso heridas sin razón, sin recapacitación.
Sus vidas eran una sola, pero ante el mundo no se pertenecían, eran separaciones tajantes de dos personalidades distintas... Todo era desprecio, todo era dolor... sus ojos sólo sabían desprender lágrimas, sus pechos sólo podían cobijar palabras de odio de gente amada; desilusiones tan duras que sólo podían olvidarse con la muerte... Pero a pesar de todo, su amor seguía en vilo y se mantenía intacto, permanecía de pie ante los fuegos de la incomprensión...
El despertador sonó y se apresuró a desactivarlo antes de que los oídos de su amor notaran el ruido y abandonara su hermoso sueño... Miró al techo y pensó en los miles de cuerpos que en aquella cama encontraron consuelo... Pensó que la vida era demasiado complicada como para complicársela aún más con "caprichos raros"; pensó que ya había sufrido bastante como para seguir haciéndolo, que quizás sería mejor para su vida que volviera a ser la de antes... se ahorraría las terribles explicaciones, las discusiones, los olvidos, los "adioses", las decepciones. Sería una persona más, sin nada que temer, sin nada que esconder... Viviría como todos: triste y con el corazón roto; pero como todos al fin. Quizás así se sentiría menos culpable, más "como todos".
Si, seguramente sería como todas... Y eso estaría muy bien...
Sintió su cuerpo moverse, giró su cabeza para observar mejor: se encontró con unos ojos radiantes que llenaron de luz el cuarto y¡ su alma, sin disimulos;  con una sonrisa espléndida que dejaba caer la satisfacción de una noche de amor... Sus pensamientos se esfumaron cuando esos brazos rodearon su cuerpo y una vocecita chillona le dijo: "Te amo" al oído... ¿Para qué engañarse si ahí estaba todo lo que quería? : estaban esos ojos que  llenaban de claridad su oscuridad, esa boca que robaba sus mejores besos y recorrían su infinito sin pedir permiso; esa piel que le  era irresistible y le recordaba que aún tenía vida... y que a esa vida sólo la podía vivir a su lado... Ante cualquier mirada, ante cualquier comentario; ante cualquier rechazo... ante todas las adversidades...
-   ¿En que pensabas, amor?.
Miró su mirada enamorada, sus gestos tiernos, su sonrisa preciosa y respondió...
-   En que te amo, mi amor...


un sueño para mi

Una noche de calor, como otras. Dolores que asaltan de nuevo mi pecho, como otras veces. El calor no me deja dormir y mi mente se dirige hacia ti, te sueña, te espera,...

Después de te tantos dolores, de tantos rechazos, sueño que llegas tú a mi vida. Mujer concreta, capaz de amarme como soy, de ver a través del espejismo de un cuerpo físico, de encontrar lo que soy más allá de lo limites de un cuerpo que me ha formado como persona.

Eres morena, de pelo corto, con un sentido del humor afilado, rayando en lo irreverente. Eso me gusta. Una apariencia externa de tía dura, como si te hubieran sacado de una peli del oeste, mujer segura de si misma. Por dentro, un pozo infinito de ternura, la capacidad de dejar caer esa fachada de mujer fría con la que te proteges. Calor, cariño, una mirada que atraviesa las apariencias que todos intentamos dar y que ve lo que realmente se esconde en mi alma.

Nos han presentado unas amigas, ellas felices de haber recuperado el amor después de de sendas historias fracasadas. Nos reúnen para hacernos participes de su felicidad, después de todo hace mucho que no nos vemos. Y ahí estas tú, no nos han presentado nunca pero te conozco, te conozco de vista, te conozco de salir por los mismos bares, de encontrarnos decenas de veces. Hacia mucho que no te veía, con la edad tendemos a retirarnos de las juergas nocturnas, preferimos una vida tranquila. Pelis, perros, hogar, pareja, intimidad, amor,…

El primer día me sorprende tu sentido del humor, y me hace reír, nada escapa a tu afilada lengua ni siquiera cosas sobre las que esta mal visto hacer bromas. Eso me gusta, no te dejas llevar por lo que los demás o la sociedad dicen que tenemos que hacer o decir.

Nos encontramos varias veces, siempre con otras amigas, alguna vez te digo que te quedes a terminar la juerga conmigo pero tú siempre te vas. Estas cansada. Me entristece un poco, supongo que no soy de tu interés, que haría mejor en no estar pendiente de ti.

Un día cualquiera, salgo de juerga porque tengo ganas de ver a mi gente, a todas esas amigas y amigos que he ido haciendo a fuerza de salir por los mismos lugares, de compartir noches, calores y empujones en los mismos bares. Realmente he conocido personas a las que aprecio mucho y eso me empuja a salir a pesar del cansancio del trabajo.


Se me ha hecho tarde, como de costumbre últimamente, y en lugar de quedarme en la cafetería en la que suelo empezar la noche, paso, saludo y sigo mi camino hacia mi pub preferido. Como es tarde ya esta lleno, así que cuando llego a la puerta tengo que armarme de valor para atravesar esa selva de cuerpos ardientes por el calor de la fiesta, húmedos por el sudor, fluctuantes al ritmo de la música. Valiente me interno en esta espesura intentando molestar lo menos posible, de repente algo llama mi atención hacia el rincón más tranquilo de la barra, y, allí esta ella. Me mira y sonríe como dándome la bienvenida. Yo le sonrío y me abro paso para ir a saludarla. Le doy solo dos besos, no tengo confianza suficiente con ella como para darle un abrazo, que es, en mi opinión, la mejor manera de saludar a alguien que aprecias.

Intercambiamos algunas frases antes de alejarme para averiguar si en el local se encuentra alguna otra conocida. Saludo con mis mejores abrazos a las amigas que me encuentro, charlo un poco con ellas para saber como se encuentran,  y cuando ya he inspeccionado el local retorno allí donde mi corazón quiere estar, a su lado.

No sin trabajo, regreso a su lado. Me meto con ella, digo tonterías por montón, cualquier cosa para que no decaiga la conversación y para hacerla reír. Y así, entre risas se acerca el final de la noche. El portero, tan pesado como siempre, viene a recordarnos que están cerrando el local.

Empiezo a despedirme de ella pues no me apetece seguir de fiesta, se que ella tampoco lo hará, y yo tengo ganas de regresar a mi casa y a mi cama que me acogerá con cariño.

No me importaría que ella viniera a mi cama o que me invitara a la suya, pero eso no pasará y yo no me atrevería a proponérselo jamás. Es el precio que hay que pagar por la timidez.

Para alargar la despedida, y mientras nos colocamos los abrigos, le pregunto que hacia donde tiene el coche, para ver si existe la posibilidad de acompañarla.

¿Hacia donde vas, donde tienes el coche?.

-  Por la catedral, ¿Y tú?

- Pues nada, nos vamos solitas. Yo lo tengo por el barrio nuevo, nos vemos, cuídate.

- ¡Oye! ¿Por qué no me dejas tu teléfono y quedamos algún día?.

-  Claro, apunta.

Le doy mi número de teléfono un poco sorprendida, me despido nuevamente y me voy calle abajo cantando mi tango preferido mientras cavilo sobre los posibles significados de su petición. ¿Será que tengo alguna posibilidad con ella? Será mejor olvidarse, lo que sea sonará.

Pasó el fin de semana y de vuelta a la rutina del trabajo. El lunes esperé un poco su llamada pero no llegó. A miércoles ya me había olvidado cuando suena mi móvil, un número que no conozco. Contesto con un “buenas tardes” de rigor y me quedo muda. Es ella, me ha llamado. Cuando me sacudo la sorpresa la saludo con buen humor y le gasto alguna broma para relajar el ambiente. No me lo puedo creer, quiere que vayamos al cine esta noche, por supuesto le digo que sí.

Fue una velada tan agradable que se me hizo muy corta, me lo pasé bien viendo la película y luego hablando con ella. No tenía ganas de que terminara la noche, pero al día siguiente teníamos que cumplir con el trabajo así que decidimos retirarnos, nos fuimos paseando lentamente hasta donde habíamos aparcado los coches.

Nos miramos a los ojos sin saber que hacer, así que para romper el hielo me despedí diciendo que ya era tarde, le agradecí la estupenda velada y me metí en el coche. Me saludó con la mano cuando me iba.

Pasé lo que quedaba de semana pensado en ella, y en lo que debía hacer. Cada vez que sonaba el teléfono una esperanza. Ella me gustaba pero tal vez ella no quisiera más que una amistad de mí. Sería mejor esperar.

Por fin el sábado la llamada que tanto había deseado:

- Hola, ¿que tal?

- Bien, ¿y tú? ¿Qué tal te ha ido la semana?.

-  Un poco agobiada en el trabajo pero bueno, salimos adelante. ¿Tienes planes para esta noche?

- Pues no, la verdad, supongo que saldré a dar una vuelta.

- ¿Te invito a cenar, vamos al chino?

- Mmm, sí, me encanta la comida china.

- ¿Te recojo a las diez?

Con una sonrisa bailándome en los labios le expliqué como llegar a mi casa, terminamos de hablar y nos despedimos. Salí disparada hacia la ducha, quería estar preparada cuando ella llegara a por mí.

A las diez en punto yo ya la estaba esperando en la puerta de mi casa, no se hizo de rogar mucho, en dos minutos apareció su coche en mi calle. Feliz me subí al coche y la saludé con dos besos, por la posición un poco forzada del coche uno se me resbaló un poco hacia la comisura de su boca. Que pena ser tan cobarde y no atreverme a robarle un beso en los labios.

Me divertí mucho en la cena, me encanta hablar con ella, no hay tema sobre el cual no podamos discutir. Nos gastamos bromas, nos miramos a los ojos sin saber que decir y huíamos hacia algún nuevo tema de conversación. Así pasamos la cena y los postres. Al borde de unos cafés me propuso continuar la velada tomándonos unas copas. Yo por supuesto dije que si, estaba tan a gusto en su compañía que ni siquiera lo pensé. Nos fuimos paseando lentamente desde el restaurante a la zona donde están los bares de copas. Volvimos al sitio donde nos presentaron, seguimos con nuestra amena conversación mientras nos tomamos algo. Yo un licor y ella solo un refresco pues tenía que conducir. Se me pasó la velada casi sin sentir, nos dieron las tres de la madrugada sin darnos cuenta. De pronto sentí todo el cansancio acumulado de la semana de intenso trabajo, así que le pregunté que si nos podíamos retirar. Asintió con una sonrisa tierna y yo cogí mi chaqueta para salir.

El viaje de vuelta lo hicimos casi en silencio, pero no un silencio incomodo, un silencio pacifico que se da cuando todas las cosas encajan. No tardamos mucho en llegar a mi casa, vivo cerca de la ciudad, detuvo el coche y yo me dispuse a despedirme. Me giré para darle dos besos en las mejillas pero sin saber por que me quedé mirándola a los ojos. Nos miramos, un rato que pareció eterno, me quedé colgada de sus ojos y de las sensaciones que me transmitían. De pronto se inclinó hacia mí y me besó en los labios, con tanta ternura que me encogió el corazón.

- Buenas noches mi niña, que descanses, y que sueñes conmigo.

Solo me alcanzó la voz para contestar con un leve “adiós”.   

Crucé la calle para llegar a mi portal con la cabeza gacha y su beso bailando en mi memoria. Sin saber ni como me desnudé y me metí en la cama. Me dormí pensando en sus labios sobre los míos.

Al día siguiente, en un descanso del trabajo, me decido a llamarla para ver como está. Hablamos unos minutos sin mencionar para nada el beso de la noche anterior ni ninguna otra cosa que nos implicara a las dos. Una conversación de amigas, quedamos para volver al cine.

Así fueron pasando los meses, nos veíamos a menudo entre semana, quedábamos para hacer cosas o simplemente para tomar un café. Nuestra amistad se iba cimentando en cada conversación, cada paseo, cada confesión.

 

Autora : Sandra

aunmensajedeti@hotmail.com


VIAJE D SEMANA SANTA

VIAJE DE SEMANA SANTA

Después de cuatro días intensos en la tierra de los árabes desheredados y apátridas, llegó la hora de la partida. El día había pasado rápido para Sophie y a las 21.00 horas de un Domingo de Pascua la recogería la camioneta que la conduciría a través del desierto  hasta el aeropuerto con destino a Madrid. Mientras esperaba la llegada del vehículo, la noche hizo su entrada, cayendo sobre el poblado como un manto negro plagado de luces. A su lado se encontraba su nueva amiga quien permanecía gravemente callada. Sophie tampoco se atrevía a articular palabra.
Ella era una mujer bella, de sonrisa siempre dispuesta y una alegría innata en la mirada. De cabello oscuro como sus ojos, de esos que cuando miran te desnudan o te taladran. Para Sophie unos ojos hermosos y llenos de magia, que la brindaron amistad desde su llegada. Y  con unos labios espesos y rojos que en esos días se arquearon en dicha continua.
Su última noche era bendecida como todas las anteriores con una alfombra de estrellas, tan grandes y luminosas que parecían otras constelaciones y no las que a diario desde su país Sophie admiraba, minúsculas como puntas de alfiler. Ambas se sentían afortunadas de estar en ese lugar y en ese momento juntas. Pero el tiempo transcurría.
Apenas se veían el rostro ya y decidieron sentarse  a esperar en un pequeño saliente de piedra que imitaba la forma de un escalón. Las bolsas de viaje abandonadas a un lado de la arenosa calle anunciaban lo que estaba a punto de pasar y las dos mujeres  volvieron la vista al frente como queriendo ver la luna brillar solo para ellas. Una luna naranja como la arena que invitaba a desafiar a las circunstancias  hasta que el ingrato sol la eclipsara.
Sophie siempre pecó de atrevida.  Pensaba que en la vida había dos cosas que una siempre habría de hacer: Una, saber ver las oportunidades. Dos, no desaprovecharlas. Y sin faltar a sus convicciones abrigó la mano izquierda de su amiga entre las suyas y la condujo hasta su muslo derecho. Mano encerrada contra manos carceleras.  Manos que escondían entre las piernas otra mano, jugando con ella, apretándola, acariciándola, sujetándola, explorándola. No era la primera vez que Sophie sentía su calor. Ya la noche anterior la mujer de ojos negros y cabello recio  descubría a Sophie la espalda y se disponía a imprimir en ella con tinte natural grafismos de su tierra. A sophie no le importaba sentir la frialdad y humedad del tinte, ella estaba extasiada con esas dos manos extrañas que viajaban desde sus hombros, descendiendo por su espalda en círculos y líneas que se distanciaban y se reencontraban garabateando símbolos que ella no podía ver pero imaginaba. Esas manos que despertaban deseos ocultos, indecibles entre ambas. Primeramente porque no hablaban la misma lengua, y  lo más terrible era confesar esas sensaciones a una mujer que culturalmente no le eran permitidas y eran duramente reprimidas y Sophie desconocía si ella entendería lo que al tocarla sentía.
Ahora sin tabúes y en la noche de su despedida la oscuridad era cómplice de una espontánea aventura. Breve, callada, solo dedos, solo yemas, tan solo manos y mil palabras ahogadas y miradas perdidas en ojos que no se miran. Tan solo caricias de adioses negados a pronunciar y ni una lágrima que rompiera el hechizo de esa noche bendita rodó por sus mejillas.
-Que se retrase el vehículo, que no parta de aquí, que  ella me acompañe nuevamente  a su alfombra, que me embriague de té  y me prepare la cama en la oscuridad de la nada. ¡Dios, que hoy no me vaya!.-
Era el pensamiento de Sophie mientras el deseo por su amiga aumentaba.
Desconocía si el pensamiento de ella era un mismo sentir, un mismo latir. Sophie quería adivinar que sí, puesto que el calor crecía entre ambas y el nerviosismo se apresuraba apareciendo el sudor en las palmas.
Tanta contención se escapaba y antes de cometer ninguna locura estallaron por la boca de su amiga tristes palabras.
-         No quiero que te vayas-  Intentaba decirle con muchas trabas.
-         Yo tampoco quiero marcharme. Sé que aquí no tengo nada, pero he sido tan feliz.- Le contestó mirándola, sin verla.
Y sus manos aún más entrelazadas se apretaron sin temores y con más ganas.
Sophie no podía más. Rogaba que aquella espera de alguna manera o de otra terminara, y que su cabeza parara y que su cuerpo se relajara, puesto que la excitación del momento le hacía presa de un incomprensible deseo. Era bella su amiga. De piel canela, cálida y ojos fieros y certeros. Limpios que hablaban por sí solos y en los que se veía cariño, mucho cariño, aunque esa noche estaban ciegos, empañados, entristecidos.
La hora se acercaba, la partida era inminente. Sophie quiso decir muchas cosas que quedaran en el recuerdo y en la mente de ella. Pero su boca estaba lacrada. Tan sólo sonreía apenada.
Llegó el  inoportuno vehículo que forzó a tragar saliva a ambas. . Antes de que nadie se acercara a acompañarla los músculos de su cara se tensaron, las piernas de Sophie flojearon y su alma se rompió en pedazos.
-         ¡ Ya está aquí ¡ ¿Cómo decirle adios?. No lloraré- Pensaba mientras se incorporaba y  se desataban sus manos de las de su amiga a la par que ella se levantaba.
Se dirigió hacia sus bultos y a sus espaldas la otra mujer le observaba. Sophie no se atrevió a mirarla y antes de ir hacia la camioneta con su carga, volvió sobre sus pasos y pidiendo a Alá que la perdonara se acercó a la mujer bella, le rodeo la cara, como cuando sostienes algo preciado, valioso para que no caiga, la acercó hacia sí y sin preocupación de quien miraba, la besó despacio, con calma, sintiendo el relieve de su boca, llenando sus carnosos labios de humedad y dejando toda su fiebre escapar de una vez, regalando a una bella mujer, madura, casada y de tez morena el mejor tesoro que para ella guardaba, su infinita gratitud y un beso de mujer enamorada.


Maite
terfervel@hotmail.com